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volviendo a aprender a vivir

Desde que empecé a tratar de buscar mi propio camino, hasta las cosas más cotidianas me resultan dificultosas. Lo que amaba y me motivaba a vivir cambió, mis propósitos y metas cambiaron, mi resiliencia respecto a la vida cambió. Se me abrieron múltiples puertas en un pasillo muy estrecho, y quedé perplejo ante el número de opciones. Con tantas posibilidades, tantos gustos, tantas aficiones y tanto arte, la posibilidad de poder ser, sentir y expresar lo que significaba vivir se volvieron muchísimo más asequibles. Me rodeaba un halo de creación y curiosidad por el mundo, las conexiones humanas y la vida misma.

Por otro lado, los engranajes de mi vida tenían también como núcleo secundario y razón de ser la carrera que escogí, la medicina. El conocimiento es algo que siempre he buscado y conforme crecía me enseñaban que el conocimiento académico era sinónimo de felicidad, seguridad, y algo que anhelaba mucho en ese entonces, que era reconocimiento. Estos factores y creencias me motivaron a estudiar dicha carrera, que me brindó esa seguridad tanto en mi futuro como en mí mismo que no encontraba con facilidad en la vida, pues me aterraba lo abierta que esta podía llegar a ser. Para un esbozo pensante como yo, la amplia gama de colores existentes me mantenía estático, sin poder elegir un color.

Hubo un momento, no se cuando ni cómo, en el que esta seguridad desapareció. Ya no me sentía necesitado de aquel fulgor tan fuerte que se me hacía tan distante, encontraba una llama ardiente dentro de mí, y eso era lo único que me importaba. Estaba siendo feliz simplemente existiendo, viviendo, sintiendo y permitiéndome sentir tantas cosas tan hermosas como desconocidas que la vida trae consigo, estaba siendo yo por que quería ser yo. Por más bello que suene esta fantasía utópica, yo terminé aferrándome a dos magníficos pilares de hielo, tratando de construirlos paralelamente mientras se derretían mutuamente. 

Esta es mi lucha diaria. Lucho con las expectativas que tuve por tanto tiempo de mí, y las infinitas realidades que existen dentro de mi contexto. Por mucho tiempo creí que estos pilares eran imanes de carga equitativa, tan fuertes que se repelían muy lejos con apenas un acercamiento. La medicina y la música no podían ir de la mano, el arte y la ciencia eran un amor fallido, un futuro insostenible y un anhelo que me rompería poco a poco. Ahora que sé un 5% más de lo que sabía cuando formulé dichas afirmaciones me doy cuenta que no podría estar más equivocado. 

Todo en esta vida es un espectro y se encuentra situado en diferentes frecuencias de este. No existen conceptos como un camino lineal, una profesión exitosa o una vida digna. Todos y cada uno de los conceptos que tenemos de las cosas son parte de este espectro, se relacionan y conviven en armonía para hacernos felices de una forma u otra. Y eso para mí es algo que nunca habría podido imaginar como un niño cuyo refugio era la pertenencia social y las calificaciones altas. 

Hoy traté de aplicar este concepto en la práctica, demostrándome a mí mismo que un futuro feliz es posible. El arte, si bien es un reflejo del alma y con esto una manifestación de las complejas emociones y experiencias de las que uno forma parte, no es solamente un amasijo de libertad y expresión sin medida, sino que requiere una varilla coherente que haga que todas estas ideas difusas sean transformadas en una pintura discernible. Y las ciencias humanas, que para mí eran rígidas como una roca y filosas cual espada, tienen un alma primordial que permite que todos esos conocimientos sean dirigidos al propósito correcto y le permitan expresarse mediante la aplicación de dichas escuelas. Ese sostén es el arte, y en mi campo me permite usar lo que sé y debo dominar para poder transformar todos estos datos académicos en una herramienta invisible que brinda ayuda al prójimo, le agrega una pizca de optimismo y me permite transmitir mi mensaje definitivo hacia el resto de la sociedad humana: ser feliz y ayudar a los demás.

Todos los días me levanto sabiendo que debo de aprender a balancear estos dos pilares, y muchas veces he caído, muchas veces he mirado a otro lado, omitiendo el agua proveniente de la liquidificación abrupta que podía sentir bajo mis pies. Resulta que la clave estuvo siempre en dejar que estos dos seres maravillosos se conozcan, tengan una charla y miren juntos lo que podemos llegar a construir si nos llegamos a entender. 

Somos libres solamente cuando ejercemos el sentido del deber que nace de la razón y no nos rendimos ante las posibilidades infinitas del ser. He venido a este mundo a tomar todo lo que me rodea y hacerlo mío si me sirve, y luego producir semillas infinitas que harán que alguien más pueda encontrarse, por que si ellos se revelan, yo también converjo con ellos :)